Baco

Concierto para violín y orquesta

op. 61 (Movimiento III Rondo Allegro)

Este concierto fue compuesto en 1806, época en la que Beethoven se vio respaldado por un período de serenidad e inspiración feliz. La historia lo convirtió en el arquetipo de los grandes conciertos de la literatura musical para violín, que sirvió como referencia para los que compusieron después los románticos Mendelssohn, Schumann, Brahms y Tchaikovski. Si bien está dedicado al ilustre violinista de la época y director de la orquesta del Theater an der Wien, Franz Clement, la verdadera dedicatoria benefició a Stephan von Breuning, viejo amigo fiel de Beethoven de Bonn que también se había trasladado a Viena. Será él quien asista a Beethoven en el lecho de muerte y haga incluso de albacea testamentario.

Este concierto fue redescubierto en 1844 por el joven violinista prodigio de trece años Joseph Joaquim que lo presentó en Londres bajo la dirección de Mendelssohn.

El carácter jocoso, rítmico y luminoso del tercer movimiento de este concierto evoca a Ibáñez para reproducir una reunión entorno a Baco, dios del vino y la juerga en la mitología romana, que llevaba la alegría allá donde iba. Considerado el más versátil y escurridizo de los dioses, con un equivalente griego en Dioniso, Baco se asocia frecuentemente con el dios romano del vino Liber Pater.